El Manifiesto.

EL ERROR ES NUESTRA VERDAD.

No buscamos la perfección, porque la perfección es un museo vacío. El teatro vive en la grieta, en la equivocación que revela lo humano.

LO PROHIBIDO ES NUESTRO COMBUSTIBLE.

Allí donde dicen “no se puede”, nosotros levantamos escena. El pecado no es falta, es potencia: la chispa que incendia la rutina.

EL HUMOR ES NUESTRA MÁSCARA.

Reímos de lo solemne, desarmamos lo sagrado, porque la risa es la única plegaria que los vivos entienden.

EL ARCHIVO ES NUESTRO ESCENARIO.

Obras rechazadas, textos olvidados, convocatorias perdidas: todo lo que no entra en los templos oficiales, aquí se convierte en materia dramática.

EL PÚBLICO ES CÓMPLICE, NO ESPECTADOR.

Queremos que se rían, que se incomoden, que se reconozcan. El teatro no es contemplación: es un pacto de carne y presente.

LA ESTÉTICA DEL PASTICHE ES NUESTRA LENGUA.

Collage de voces, fragmentos, citas, errores tipográficos, todo lo que la academia desprecia, nosotros lo hacemos cantar.

POR UN TEATRO PARA VIVOS.

Porque los muertos no pagan expensas, y nosotros no actuamos para estatuas ni mausoleos. Actuamos para quienes respiran, dudan, se equivocan y pecan.

  • El error es drama.
  • El pecado es teatro.
  • El humor es resistencia.